sábado, 6 de octubre de 2012

Observando al universo siempre hay sorpresas


 Debajo de esa atmósfera tormentosa, de vientos fuertes y lluvias ácidas  hay un mundo verde y fresco, de flores carmesí de dulce néctar donde no todos los insectos pueden llevar su polen. Prados dorados y fragantes que invitan al viajero de noble corazón a descansar y reponerse contemplando el magnifico espectáculo de brillantes luces en el horizonte de este mundo contradictorio.
 ¿Que clase de dioses habrán creado este edén en lo profundo del tártaro o quizás la naturaleza en su sempiterna sabiduría solo lo puso allí  para   maravillar a los pocos que podrán penetrar la tormenta  gris que envuelve al remanso luminoso, fragante y tibio de este quimérico mundo.